Oficiar el fuego
Oficiar el fuego
Guardianas del bosque, cometas metálicas, paisajes cundiboyacenses, dibujos de corsés y animales desangrándose, cuerpos danzantes y afectados, estatuas, grandes telarañas de papel mantequilla y pinturas prerrafaelitas anidan en la mirada de Claudia Valero y en el universo de los doce textos que componen este libro. A través de un dulce vaivén -de la narrativa íntima al ensayo y de regreso-, se trasmuta el arte en cobijo. Y se retratan los avatares de su generación: las incertidumbres laborales y amorosas, el duelo, los desarraigos, el presenciar cómo se desdibujan los sueños frente a la ventana de una oficina de la que no se puede salir a una hora decente. Gracias a estos relatos, en los que se abordan obras de artistas como María Elvira Escallón, Mariana Varela, Angela Palmer, Antonio Barrera, Paul Klee, Leonardo Da Vinci, Ana Mendieta, Olga de Amaral, Adriana Varejão, la autora abre nuevos caminos para los lectores, a quienes, además, invita a observar detenidamente y a encontrar en toda cotidianidad la estética que esta esconde. "Valero rastrea en la historia del arte, la literatura, las imágenes del pasado, la ternura y lo que ama, la manera de volver a unir, gracias a esta mitología del fuego que todas vigilamos, aquello vencido por el tiempo. "Todos y todas en este texto somos o hemos sido oficiantes del fuego". Fuera del texto, las lectoras también nos reconocemos como oficiantes. Recorremos esta escritura, a veces desde la misma altura de aquellas protectoras de los bosques, cuidando el pequeño corazón de lo que desaparece, y otras, atadas a la tierra quemada que vuelve a arder bajo el recuerdo y su escritura. "Verse a sí misma a través del ejercicio de la escritura, recomponer el tiempo, pensar en el lenguaje y sus formas, entrar al arte y la estética para pensar de nuevo el cuerpo y sus fuerzas, recogerse en la casa natal y reconocer el misterio del mundo y sus apariencias tan verdaderas, como señala Valero, asumir lo más real, el trabajo y el hartazgo, renunciar, empezar de cero, preservar la montaña, saberse una y varias mientras se vive y se vuelve felizmente a fallar". Camila Charry
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Técnicas de uso, cuidado y Lectura
Protege del sol y el polvo
La luz del sol es el enemigo número uno de los libros. Con el tiempo, los rayos UV decoloran las cubiertas, amarillean las páginas y debilitan el papel. Coloca tus estanterías en una pared que no reciba luz solar directa o usa cortinas para protegerlos.
El polvo puede acumularse y, con el tiempo, atraer plagas. Usa un paño de microfibra o una brocha suave para quitar el polvo de las cubiertas y los lomos de manera regular. Nunca uses plumeros porque solo esparcen el polvo.
Protege de la humedad
Los ambientes húmedos son ideales para el desarrollo de moho y hongos, que pueden arruinar un libro por completo. Por otro lado, un ambiente demasiado seco puede hacer que las páginas se vuelvan quebradizas. Lo ideal es mantener una temperatura estable y una humedad relativa entre el 30% y 50%.
La forma correcta de almacenar libros es de pie, uno al lado del otro. Evita apilarlos horizontalmente, ya que el peso puede deformar las cubiertas y dañar los lomos. Si tienes libros muy grandes y pesados, es mejor colocarlos en una superficie plana.
Técnicas de Lectura
No dobles las esquinas de las páginas: Utilizar las páginas como marcadores de lectura es una práctica muy común, pero daña el papel. Usa un marcapáginas o un trozo de papel para marcar por dónde vas.
Evita abrir el libro por completo: Aunque es tentador abrir el libro 180 grados para leerlo con comodidad, esto puede dañar el lomo. Intenta abrirlo solo lo necesario, sin forzar la unión de las páginas con la cubierta.
Cuidar de tus libros es una inversión a largo plazo que te permitirá disfrutar de ellos por muchos años. Con estos sencillos hábitos, te convertirás en un guardián de tus propias historias y conocimientos.