La voz de Pardo
La voz de Pardo
No soy de lágrima fácil, salvo cuando juega el Independiente Santa Fe o miro películas del estilo de La vida es bella, y en mi ya casi larga existencia jamás habría imaginado que mi mejor llanto el más emocionado y emocionante, el más sincero y conmovedor iba a suceder por culpa de un político: un hombre que hasta la fecha había sido ministro, consejero, candidato; una verdadera figura de Estado que aparecía en las noticias desde las épocas del gobierno de Virgilio Barco cuando lucía pantalones de bluyín, sacos de lana y el pelo largo, semejante al de los Beatles cuando lo tenían corto, hasta las más recientes del gobierno de Santos: allí, en su rol de alto consejero para el posconflicto, lo dejamos de ver de un día para otro, después del fogonazo de un titular que advertía que tuvo una complicación médica. Se trataba, en efecto, de un percance sufrido en una operación de pecho abierto, cuando los médicos trataron de remendarle su maltratado corazón santafereño. ¿Qué pasó desde entonces con Rafael Pardo? Muchas cosas: que sobrevivió de forma milagrosa al quirófano pero que, al salir de él, en un segundo momento, tuvo un accidente cerebro vascular que por poco lo mata. También sucedió que, como secuela de ese espasmo colateral, quedó prácticamente sin habla: su lucidez de siempre tuvo que acostumbrarse al desespero de no poder hablar, al menos con la naturalidad de antes, un lastre especialmente difícil para una cabeza brillante, que se destaca por la ebullición intelectual de sus ideas. Extracto del prólogo de Daniel Samper Ospina.
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Técnicas de uso, cuidado y Lectura
Protege del sol y el polvo
La luz del sol es el enemigo número uno de los libros. Con el tiempo, los rayos UV decoloran las cubiertas, amarillean las páginas y debilitan el papel. Coloca tus estanterías en una pared que no reciba luz solar directa o usa cortinas para protegerlos.
El polvo puede acumularse y, con el tiempo, atraer plagas. Usa un paño de microfibra o una brocha suave para quitar el polvo de las cubiertas y los lomos de manera regular. Nunca uses plumeros porque solo esparcen el polvo.
Protege de la humedad
Los ambientes húmedos son ideales para el desarrollo de moho y hongos, que pueden arruinar un libro por completo. Por otro lado, un ambiente demasiado seco puede hacer que las páginas se vuelvan quebradizas. Lo ideal es mantener una temperatura estable y una humedad relativa entre el 30% y 50%.
La forma correcta de almacenar libros es de pie, uno al lado del otro. Evita apilarlos horizontalmente, ya que el peso puede deformar las cubiertas y dañar los lomos. Si tienes libros muy grandes y pesados, es mejor colocarlos en una superficie plana.
Técnicas de Lectura
No dobles las esquinas de las páginas: Utilizar las páginas como marcadores de lectura es una práctica muy común, pero daña el papel. Usa un marcapáginas o un trozo de papel para marcar por dónde vas.
Evita abrir el libro por completo: Aunque es tentador abrir el libro 180 grados para leerlo con comodidad, esto puede dañar el lomo. Intenta abrirlo solo lo necesario, sin forzar la unión de las páginas con la cubierta.
Cuidar de tus libros es una inversión a largo plazo que te permitirá disfrutar de ellos por muchos años. Con estos sencillos hábitos, te convertirás en un guardián de tus propias historias y conocimientos.